El Sol despide sus últimos rayos con bellos tonos violáceos, deja de relevo a la luna, cual sonríe radiante, envuelta de hermosura.
Abriendo paso hacia la muralla que antaño protegía la ciudad, sus muros formidables aún perduran en la actualidad, cuidando de bellos parques con altos árboles que, repletos de salud, disfrutan el paraje.
Lugar abandonado, sótano que aún conserva su encanto. En el universo de la nada, bajo la casa vencida por el tiempo, en una completa y abrumadora oscuridad, un sonido rompe el silencio y una luz muestra con claridad lo que hay dentro.
Una formidable fortaleza, hoy lugar de admiración, quizá antaño hubiera una pirámide, algo como veo yo, pero con diferente color, un tono ligeramente marrón. Su paisaje seria ideal, pensarlo es una emoción, más poco tiene de real pues Egipto no es Aragón.
Todo se construye, todo es perecedero, hasta las piedras más duras, si están arriba acaban cayendo. Es tan vital el mantenimiento, que lo construido en este mundo es, tarde o temprano, polvo en el viento. Así lo material nunca es eterno, y de eso entiende el tiempo.
La vida es un camino, en él creas escaleras para descansar a cada pasito y preparar la siguiente secuencia. Al igual que los cimientos, los escalones de nubes, aire o hielo van logrando tu retroceso, por eso yo no escojo ninguno de ellos, salvo para alguna bifurcación que expanda así mi universo.
Aún perdura la estructura, fue creada por necesidad, cultivos y huertos había que regar, así se unieron muchos vecinos y empezaron a pensar. Un complejo sistema comenzaron a crear, con ello todo se podía abastecer, la sequía ya no era motivo para desaparecer. Parte de ese gran logro es este pequeño canal, hoy en día aún nos podemos imaginar las caras de esos vecinos al ver funcionando su plan.
“Eres más fuerte” Tras cada obstáculo, después de superar cada barrera, cuando das solución a un problema, paso a paso aumenta tu fortaleza. Siempre que dices, persistiré más allá de mi meta, da igual cuales sean las fronteras, seguirás, por muy dura que sea la piedra. Las raíces pueden ser más sólidas que el cemento, tus objetivos pueden derretir el hielo, poco a poco, intento tras intento.
Se acerca tormenta, arrecia el viento, trona el cielo, las paredes emiten su eco.
Dejamos el cielo, bajamos a la tierra, aún desorientados, vemos movida la escena.
Todo liso se queda, pues pisa y pisa sin tregua, es la magia del campo, convierte todo en arena.
Resistente cadena, asegura algo para que no entre cualquiera, una vez pones la anilla habrás sellado la puerta.
Puede albergar bebidas, convertirse en mesa, quizás de una taberna, transportaba peces en la edad media.
Celebran la fiesta, algunos con borrachera, otros bailan vestidos de gala o simplemente contemplan el panorama.
Muchas gotas han chocado, con el tiempo han erosionado, desmontado el muro que se construyó antaño.
El techo se derrumbó, las estrellas ya no eran opacadas, en su interior, todas las gotas de agua caían con fragor, cubriendo el suelo, ahora húmedo, de piedras y vegetación. Allí solo quedaron los recuerdos, todo lo viejo se oxidó y lo perecedero se desvaneció.
Todo se derrumba pero la ventana queda, como una puerta al pasado que resiste cada tormenta. Ella es testigo del tiempo y guarda firmemente su esencia, estable pese al fluir de los años perdura aún su fuerza. Miles de historias imaginarás, más nunca ver un cristal, o un plástico que tape su abertura natural. Ella permanece allí, y ahí seguirá hasta que la adversidad venza y toda su estructura perezca. Hasta ese momento, seguirá siendo testigo del tiempo sin ningún cristal que la opaque.
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